Heme aquí, encarcelado tras unos oxidados barrotes en una lúgubre caverna de concreto tan sólido como los cimientos de aquella casa en la que sucedió la atroz tragedia de mis impulsos inhumanos, un olor nauseabundo brebaba de la oscuridad, parecía el hedor que soltaba aquella bestia desgraciada, pero es imposible, ¿ese animal sería capaz de seguirme a la más recóndita mazmorra del infierno solo para seguir con el tormento que empezó su antecesor hacía tiempo ya? ¿Sería capaz de llegar hasta aquí para atormentarme?
La ira poco a poco se apoderaba de mi pensar, cuánto desearía poder encontrarme con tal astuta alimaña y de una vez por todas acabar con la agonía que he creado, fue capaz de arruinar el crimen perfecto y también de llevarme a cometer el asesinato de mi amada, nunca perdonaré a ese a ser atroz. Los días transcurren y ya he perdido la noción de la vida, ya no sé si estoy vivo o vivo en mis pesadillas, una esfera Brillante como el fuego me observa desde la esquina de la celda, de nuevo ese gato moribundo ha acudido a el llamado de mis pensamientos resquebrajados. Pero, ¿por qué sigue asistiendo a esta convocatoria? ¿No le ha bastado el daño irremediable que le he causado? ¿por qué sigue su deseo de permanecer a mi lado cual fiel mascota? Los recuerdos de aquel acto poco a poco carcomen las entrañas de mi mente, ya no hay instante en el que pueda dejar de pensar en los actos que he relatado con anterioridad. Al iniciar el día algo de cordura vuelve a emanar de mí, la claridad de los rayos del sol me hacían imposible de poder visualizar algo más allá de mis párpados, habían pasado ya años o quizás décadas desde que entré a ese oscuro agujero. Los vicios, más rápidos que tardíos volvían a apoderarse de mi cuerpo, y es que un ser moribundo y sin hogar no tendría a otro lugar a cual recorrer si no es a sus orígenes y era esos momentos en lo que más miserable y marginal me sentía por haber sido capaz de cometer tales actos y por haberme dejado influenciar por esas emociones banales. Cumplido mi ritual diario he decido visitar el lugar en el cual yacían los restos de mi querida esposa, y sin saberlo y para mi sorpresa junto a ella se encontraba otra pequeña lápida la cual parecía haber sido tallada con las garras del mismo cerberus, y el nombre de Plutón estaba en ella. Al fin mi fiel y más leal compañero ha encontrado el descanso que tanto anhelaba. O eso quería pensar, pues, antes de que cayesen mis primeras lágrimas de tranquilidad pude escuchar un sonido que preferiría haber olvidado, era aquel alarido lleno de agonía y lamentación. Él, seguía con vida.
La ira poco a poco se apoderaba de mi pensar, cuánto desearía poder encontrarme con tal astuta alimaña y de una vez por todas acabar con la agonía que he creado, fue capaz de arruinar el crimen perfecto y también de llevarme a cometer el asesinato de mi amada, nunca perdonaré a ese a ser atroz. Los días transcurren y ya he perdido la noción de la vida, ya no sé si estoy vivo o vivo en mis pesadillas, una esfera Brillante como el fuego me observa desde la esquina de la celda, de nuevo ese gato moribundo ha acudido a el llamado de mis pensamientos resquebrajados. Pero, ¿por qué sigue asistiendo a esta convocatoria? ¿No le ha bastado el daño irremediable que le he causado? ¿por qué sigue su deseo de permanecer a mi lado cual fiel mascota? Los recuerdos de aquel acto poco a poco carcomen las entrañas de mi mente, ya no hay instante en el que pueda dejar de pensar en los actos que he relatado con anterioridad. Al iniciar el día algo de cordura vuelve a emanar de mí, la claridad de los rayos del sol me hacían imposible de poder visualizar algo más allá de mis párpados, habían pasado ya años o quizás décadas desde que entré a ese oscuro agujero. Los vicios, más rápidos que tardíos volvían a apoderarse de mi cuerpo, y es que un ser moribundo y sin hogar no tendría a otro lugar a cual recorrer si no es a sus orígenes y era esos momentos en lo que más miserable y marginal me sentía por haber sido capaz de cometer tales actos y por haberme dejado influenciar por esas emociones banales. Cumplido mi ritual diario he decido visitar el lugar en el cual yacían los restos de mi querida esposa, y sin saberlo y para mi sorpresa junto a ella se encontraba otra pequeña lápida la cual parecía haber sido tallada con las garras del mismo cerberus, y el nombre de Plutón estaba en ella. Al fin mi fiel y más leal compañero ha encontrado el descanso que tanto anhelaba. O eso quería pensar, pues, antes de que cayesen mis primeras lágrimas de tranquilidad pude escuchar un sonido que preferiría haber olvidado, era aquel alarido lleno de agonía y lamentación. Él, seguía con vida.

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